La próxima semana vuelvo a Marruecos, a encontrarme con los Adelantados. Yo voy de atrasado, ¿de qué otra manera puedo concebir si no este viaje? Una especie de Licenciado Vidriera a la inversa, caballero inexistente, cigarra que se hubiera olvidado de romper su muda. Me acuerdo de aquel retrato de S. Luis por el Greco en el Metropolitan: el cuerpo vigente sólo en la tela púrpura, adornando y desollándose. Torrente arrancado de su origen.
Entonces, ¿a cuento de qué remontar la colina del cementerio de las Oudayas? ¿Qué hachas quedaron sin su claro? Volveré a pasear por el bosque pétreo de la mezquita sin techo de la Tour Hassan, a ras del horizonte del océano. Volveré a cruzar la lluvia seca de las farolas de Rabat, volveré a manchar mis dedos de la medina azul. Pero no me mojaré, no me perderé.
Cuando la piel se vuelve armadura, la sangre delira otros cauces. Sólo dentro de la imposibilidad empieza uno a desnudarse.

