Estoy en Salamanca. Esta noche he salido a recorrer las calles. Durante el día las casas parecen de pan duro, pero cuando cae la noche, bajo algunas farolas, las paredes se vuelven de miel. Miel seca bajo mis dedos, como la encontrada en algunas tumbas egipcias. Cristal esperando otra luz que lo deshaga.
Su otro nombre esta noche es miedo. Miedo dulce y opaco quebrándose bajo mis pasos, mientras camino entre la muchedumbre del festival. Todas las horas cubren el volcán de la ausencia. Pero esta noche, por arte de magia, he podido leer las grietas de anhelo que constantemente piso sin lastimarme. Unos pies casi descalzos se cruzaron con mi cámara, y al poco los perdí igual que en los sueños.
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