Llevo una semana viviendo únicamente en sueños, osados, temblorosos. En uno de ellos un hombre corpulento de ojos claros apoya el cañón de una pistola en la frente de otro y dispara, recuerdo aún la salpicadura de sangre. Me quedo a solas en la habitación con el asesino, que está desnudo de cintura para arriba. Hablo con él para que no me sienta extraño a su locura. Abrazo su pecho imberbe mientras siento su sudor frío antes de despertarme. Rafael Reig, a quien se lo conté la tarde siguiente, me dijo con la sonrisa sardónica que le caracteriza que era un sueño de renovación: hay una parte de mí que quiero abandonar. Sin embargo, otros sueños me han acercado a un rostro que reencuentro con delicadeza y deseo intactos, al borde de una piscina, tras tantos años y no obstante ahora, con el calendario de mis próximos meses interfiriendo en nuestra conversación. Recuerdo el tacto de sus párpados bajo mis labios. En mi sueño de esta última noche, sin embargo, me he quemado de hielo la yema de los dedos.
Mientras escribía, un ruido me ha sobresaltado. No era nadie, sólo una mariposa nocturna grande dando tumbos contra las paredes y las estanterías. Se posó finalmente sobre el lomo oscuro de un libro: Celebrando la ceremonia de la confusión. Su autor díría si lo supiera: "¡Hay que ver qué buen gusto tiene esta polilla!". La atrapé con un vaso y estuve observándola un momento antes de devolverla al crepúsculo. Sentí que era la versión inquietante de los versos de O guardador de rebanhos de Alberto Caeiro / Pessoa que tanto me gustaron cuando los leí:
E se sente a noite entrada
como uma borboleta pela janela.
Tenía las alas como las semillas volanderas de los arces en otoño. Es la mariposa que en Canarias llaman "Esfinge de las Tabaibas" porque cuando es oruga se alimenta de esas plantas de hojas verde pálido que llaman euforbias quienes han aprendido su nombre en los libros. Pensé que era una buena ocasión para añadir un retrato más a mi Charco de Mariposas:
HYLES TITHYMALI
Mors et Amor per fenestras ascendunt.
J.J.L., variando Jeremías, ix, 21.
Siempre queda una ventana abierta
por la que entra la noche. Quisieras
ignorarla, seguir agotando tus deseos
de otro día bajo una luz insomne,
pero ella revuelca en tus paredes sus alas
con un rumor de álamos sedientos.
Pero ella tiembla con todo su secreto
como la Esfinge ante Edipo, esperando
manchar de su piel todos tus dedos.
No sé quién de los dos quiero ser,
ni quién tiene más miedo.
La Esfinge de las Tabaibas es un ejemplo de resistencia y adaptación de las mariposas a los terrenos desérticos. Pertenece a una especie del género Hyles, viajero donde los haya, que justo después de la última Edad del Hielo colonizó el norte del Mediterráneo y, tras el enfriamiento posterior, se retiró a Marruecos. Su apariencia como oruga es sumamente llamativa, tal vez para advertir a sus depredadores del veneno de las plantas suculentas que consume. En época adulta, se restringe a la noche donde se alimenta cuidadosamente en lechos de Petunia, Oenothera, Nicotiana o Silene.

